Esta escrito en el libro de Vaikra 2:1:

“Y cuando ‘un alma’ trae una ofrenda a Hashem…”

Harav Daniel Channen Shlita trae a Rashi quien señala que la palabra “alma” no está conectada a ninguna ofrenda voluntaria, excepto a la ofrenda de harina. Él pregunta: “¿Quién habitualmente trae esta ofrenda? Un hombre pobre. Hakodesh Baruj Hu dice de él, “yo le dio credito como si hubiese ofrecido su alma.”

El pobre está trayendo el equivalente a una bolsa de harina. Y, sin embargo, es muy elogiado! Todos sabemos que la caridad de los pobres es igual que la caridad de los ricos, siempre y cuando las intenciones sean l’shem shamaim. La cantidad no importa; la intención y el deseo de dar son los componentes cruciales.

La Torá nos enseña que no es una cuestión de cuánto podemos dar – mas bien la cuestión es, cómo podemos dar. Este es un hombre que está arriesgando el hambre con el fin de llevar su ofrenda a Hashem. Este “paquete de harina” es aún más significativo, porque no hay manera previsible de sustituirlo. Sin embargo, el hombre pobre confía en Hashem. Ha elevado su ofrenda al nivel en donde su alma es la que en realidad es ofrendada.

Todos tenemos períodos en nuestras vidas donde nos dicemos: “Yo he llegado a mi límite.” Esto sucede cuando se nos acaban los recursos físicos y emocionales. Mientras seguimos envueltos en el cuidado de un ser querido, la crianza de los niños, tratando de obtener la parnasa, etc. parece imposible seguir, nos sentimos impotentes y solos. Todo lo que nos queda en este momento es nuestro deseo de servir a Hashem. Es aquí cuando nos asemejámos al pobre. En esta etapa podemos hacer un gran salto espiritual, dando todo lo que tenemos para completar la tarea. El elogio que Hashem le da al hombre pobre, le asegura el éxito. Aprendamos de lo que ofrece el poder de la devoción. Debemos aprender a poner nuestra alma en ello!

Shabat Shalom

Rab Naftali Espinoza, Rosh Yeshiva